El teletrabajo, aún con su evidente avance tecnológico, sigue siendo un tema polarizante en muchas regiones. Como señala Pere Ortiz, empresario del sector financiero con experiencia en equipos en Chile y España, “la diferencia cultural es clave”. Mientras que en los países anglosajones el teletrabajo está integrado en el modelo laboral, en las sociedades mediterráneas aún se percibe como una práctica residual.
El dilema de la confianza en el teletrabajo
Ortiz destaca que muchos empresarios ven el teletrabajo como un riesgo:
“El sentimiento generalizado es ‘si puedo ver al empleado, puedo controlarlo y hacer que trabaje más’”.
Esta percepción, que implica una falta de confianza en la autogestión del trabajador, contrasta con el día a día en las oficinas, donde interrupciones como pausas para café, reuniones improductivas y distracciones ocasionales son comunes. Sin embargo, estas parecen aceptarse como parte de la dinámica laboral tradicional.

«Prácticamente todas las áreas de una empresa están informatizadas y el trabajo puede hacerse desde cualquier lugar”.
— Pedro Ortiz, CEO Kespo Capital
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La importancia del equilibrio humano
A pesar de las ventajas, el contacto humano sigue siendo crucial. Ortiz defiende una modalidad híbrida:
“El teletrabajo parcial compagina las ventajas de trabajar en equipo y la flexibilidad del hogar”.
Este enfoque ofrece beneficios como la conciliación familiar, menor absentismo, mayor productividad y reducción de costes para la empresa.
La clave está en una transición gradual y en la maduración de políticas de recursos humanos que promuevan confianza, eficiencia y bienestar. ¿Estamos listos para cambiar el paradigma?